Grabó y difundió por Facebook un juramento de lealtad al autodenominado Estado Islámico, e hizo llamamientos a unirse a la yihad. La Guardia Civil lo detectó, lo denunció y logró que fuera condenado a dos años de cárcel.
Cuando iba a ser expulsado de España, alegó que es homosexual y que corría peligro si le deportaban a Marruecos.
Los jueces desestimaron estos motivos, y coincidieron con la respuesta de la Secretaría de Estado de Seguridad, que defendió que la residencia legal dilatada no es sinónimo de integración.
De hecho, en este y otros casos de radicalizados en el yihadismo “el arraigo es solo aparente y parte de la estrategia que se enseña a los terroristas permitiéndoles incluso desobedecer, a su entender, dictados del islam”.
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