«De pronto mi hija pegó un grito desde el cuarto contiguo y nos dimos cuenta de que teníamos encima a dos tipos vestidos de negro con pasamontañas», relata una de las víctimas.
«Inmediatamente trajeron a mi hija y estuvimos los tres en la habitación. En total eran tres, que hablaban en castellano, pero con acento de Europa del este. Uno llevaba un transmisor», continúa su relato.
Entonces comenzaron los golpes en la cabeza, en la cara… «Luego nos separaron; a mí me dijeron que si no les daba el dinero y las joyas iban a dar una paliza a mi marido y a mi que me iban a violar, a mí y a mi hija», recuerda todavía con el miedo en el cuerpo.
«Solo querían dinero y joyas, no querían otra cosa. Les ofrecimos todo lo que teníamos con tal de que se fuesen y nos dejasen en paz», recuerda.
Por el momento el asunto está en fase de investigación.
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